Que pasa si me muero
Cuando mueras, cuando llegue el momento de tu partida, no te preocupes por tu cuerpo… tus seres queridos se encargarán de todo lo necesario dentro de sus posibilidades.
Ellos se encargarán de retirar tu vestimenta,
Te brindarán un lavado digno,
Te vestirán con esmero,
Y te trasladarán de tu hogar hacia tu nuevo destino.
Cuando muera, muchos acudirán al funeral para despedirse de ti. Algunos incluso cancelarán compromisos y faltarán al trabajo para acompañarte en tu último adiós.
Tus posesiones, incluso aquellas que no solías prestar, serán vendidas, regaladas, desechadas en la basura o consumidas por el fuego:
- En cuanto a tus pertenencias, incluso aquellas que tal vez no solías prestar, encontrarán nuevos destinos llenos de significado:
- Tus llaves abrirán puertas a nuevas historias.
- Tus herramientas encontrarán manos hábiles que las utilizarán para crear y construir.
- Tus libros serán tesoros que nutrirán mentes ávidas de conocimiento.
- Tus CD’s serán melodías que alegrarán los días de quienes los escuchen.
- Tus zapatos caminarán nuevos caminos, dejando huellas llenas de aventura.
- Tu ropa encontrará cuerpos que la vestirán con estilo y elegancia.
- Y aunque el mundo no se detendrá en su curso, cada una de estas cosas que fueron parte de tu vida seguirá su propio viaje, llevando contigo un recuerdo sutil pero perdurable.
- En tu trabajo, otro ocupará tu lugar, aportando su esencia y talento, pero siempre se recordará tu contribución y legado.
- Y tus bienes encontrarán su destino en manos de tus herederos, prolongando su valor y significado a través de nuevas generaciones.
Y no dudes que cuando mueras seguirás siendo recordado, evaluado, cuestionado y criticado por las acciones, grandes y pequeñas, que realizaste en vida.
Aquellas personas que te conocieron solo superficialmente, basándose en tu apariencia, dirán: “¡Pobre hombre!” o “¡Siempre disfrutaba al máximo!”
Tus verdaderos amigos derramarán lágrimas durante algunas horas o días, pero luego volverán a encontrar la alegría en sus vidas. Los “amigos” que solo buscaban diversión rápidamente te olvidarán.
Tus queridas mascotas se acostumbrarán al cuidado de su nuevo dueño.
Las fotografías tuyas, por un tiempo, permanecerán colgadas en la pared o en algún mueble, pero con el tiempo serán guardadas en lo profundo de un cajón.
Otra persona se sentará en tu sofá y disfrutará de comidas en tu mesa.
El profundo dolor en tu hogar durará semanas, meses, incluso años. Después, serás parte de los recuerdos y así, tu historia encontrará su conclusión.
Tu historia llega a su fin entre las personas, aquí, en este mundo.
Pero comienza una nueva etapa en tu realidad posterior a la muerte, donde tu historia se despliega en una nueva vida.
Tu vida, hacia donde no puedes llevar contigo las posesiones terrenales, ya que al partir, pierden su valor intrínseco:
El cuerpo que habitaste, La belleza efímera, La apariencia externa, El apellido que te identificaba, La comodidad material, El crédito social, El estatus y posición, La cuenta bancaria acumulada.
La casa en la que residías, El coche que conducías, Las profesiones que ejercías, Los títulos y diplomas obtenidos, Las medallas y trofeos conquistados, Los amigos que te rodeaban, Los lugares que solías frecuentar, El cónyuge que compartía tu vida, La familia que te acompañaba…
En tu nueva vida, solo necesitarás tu espíritu. Y el valor que hayas acumulado aquí será la única fortuna con la que contarás allá.
Esa fortuna espiritual es lo único que te llevarás y se forja durante el tiempo que estás aquí. Cuando vives una vida llena de amor hacia los demás y en paz con tus semejantes, estás acumulando riquezas espirituales.
Por eso, procura vivir plenamente y ser feliz mientras estás aquí, porque como bien dijo Francisco de Asís: “De aquí no te llevarás lo que tienes, solo te llevarás lo que diste”. ¡Que Dios te bendiga y te acoja con amor!
La esperanza es un tesoro valioso, tal vez lo más preciado. Y lo valioso perdura eternamente. Mantengo el deseo ferviente de que estas palabras lleguen a ti y te encuentren en un estado de plenitud y bienestar.
Jesús, guiado por el resplandor de nuestras familias, nos enseñó una lección poderosa: “No me digas que me amas, demuéstrame cómo vives”. En la unidad de la oración familiar, encontramos la fortaleza para permanecer unidos, atravesando juntos los desafíos que la vida nos presenta.
Recuerda siempre que aquellos que viven con el propósito de servir, son los verdaderos protagonistas de la vida. Encontrar significado en el servicio a los demás es la clave para una existencia plena y enriquecedora.